A escasa distancia del litoral sur de Ciutadella y a tan solo un kilómetro de la reconocida Playa de Son Saura, se encuentra esta amplia finca rústica de 130 hectáreas, enclavada en un entorno agrícola de gran belleza y tranquilidad.
La propiedad reúne un total de 2.206 m² construidos, distribuidos entre la casa principal —de dos alturas— y dos edificaciones independientes destinadas históricamente a establos. La vivienda, con más de dos siglos de antigüedad, ha ido ampliándose a lo largo del tiempo, dando lugar a un conjunto arquitectónico sólido y lleno de carácter, fiel reflejo de la tradición rural menorquina.
La casa principal cuenta con aproximadamente 846 m² distribuidos en dos plantas. En la planta baja, actualmente habitada por el payés, se conservan estancias con espectaculares bóvedas de cuatro puntos, que aportan autenticidad y personalidad a los espacios. Aquí se ubican la cocina, seis dormitorios y varias dependencias auxiliares.
La planta superior alberga la antigua zona noble de la casa. Destaca un gran salón con chimenea y acceso directo a una espaciosa terraza parcialmente cubierta, desde la que se disfrutan vistas abiertas hacia el sur, el oeste y el mar. En este nivel se encuentran además nueve habitaciones adicionales, ofreciendo múltiples posibilidades de redistribución o adaptación.
Las construcciones agrícolas anexas, que suman cerca de 1.360 m², están preparadas para la actividad ganadera y conservan infraestructuras completas: sala de ordeño con capacidad para 62 vacas, corrales, quesería, almacenes, pajar y otros espacios vinculados a la explotación agropecuaria.
El terreno, prácticamente llano y de excelente calidad, permite el aprovechamiento agrícola de aproximadamente el 95 % de su superficie. La finca dispone de tres pozos de agua legalizados y de gran caudal, así como suministro eléctrico, lo que garantiza autonomía y viabilidad tanto para uso agrícola como para un posible desarrollo residencial o agroturístico.
En el interior de la vivienda aún se conservan elementos arquitectónicos originales como arcos de marés, bóvedas tradicionales y antiguos suelos de piedra colocados en mosaico, actualmente cubiertos pero recuperables. Sus muros gruesos, amplias terrazas y espacios generosos evocan el ritmo pausado del campo y la esencia de las antiguas posesiones de la isla.
Por su proximidad al mar, la amplitud de sus edificaciones y la calidad de su tierra, esta finca representa una oportunidad excepcional para quien desee emprender un proyecto con identidad propia, ya sea agrícola, residencial o vinculado al turismo rural, en un enclave natural donde la historia y el paisaje se funden con armonía.
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